Mostrando entradas con la etiqueta personas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta personas. Mostrar todas las entradas

26 de octubre de 2011

Ojalá dependiese de mí. Diría lo que fuese, haría lo que fuese, pero no soy yo la que tiene que hablar claro, ya lo hago bastante y, por lo visto, no sirve de nada. Quizás incluso lo empeora. No sé nada, en realidad. Pero ¿cómo saberlo? Siempre ando a tientas, nunca se me cuenta nada, tú o quien sea. Nunca. Y en realidad estoy ya un poco cansada. No sé qué pensar. Quiero estar ahí, pero si no se me quiere, ¿qué pinto? Nada. Tal vez lo mejor sea renunciar y punto, aunque me prometí que no lo haría. Siempre he pretendido estar ahí. Quizás no lo he hecho lo suficientemente bien. Quizás no tendría ni que intentarlo porque, vamos a ver, igual no pinto nada. Ese es el problema, que no pinto nada. A la mierda.

12 de octubre de 2011

Yo... ya no sólo soy yo. Ya no es sólo cuestión de mí y, en realidad, nunca lo ha sido, pero ahora mucho menos. No sé si estoy emocionada, o asustada, o no sé, pero la sensación de flotabilidad, de que en cualquier momento voy a salir volando no se va. Y en realidad es agradable. Como cuando estás en la lanzadera y sabes que en unos segundos vas a caer y no quieres que pase pero en verdad te mueres de ganas. Así.

Día 19: Con mi propia montaña rusa.

20 de agosto de 2011

Echar de menos es una mierda.
Sobretodo teniendo en cuenta que no tengo motivos para echarte de menos.
Que nunca te he tenido.
Y que casi no te conozco.
Y aún así tengo la necesidad de verte y darte un abrazo.
Y hablar.
O no hablar.
Simplemente estar.
Y darte cariño, porque lo necesitas.
Estoy confusa (qué extraño)

28 de junio de 2011

Waste of space.

Y de tiempo.

Mentira, sólo de vez en cuando y en tu mente. En tu mente, ¿verdad? Porque todo es fruto de tu mente paranoica y auto destructiva.
Quizás no. Pero no te puedes meter en su mente ni manipular sus sentimientos. Ni quieres. Si te quieren es por ti, no por manipulaciones.
Aprende. Aprende de una vez. No es "o comes o te comen", es "aprende a vivir feliz dando lo que cada persona merece". Siempre das demasiado y al final te vacías. Aprende a medir.

Tal vez te da miedo darte cuenta de que quienes pensabas que merecían mucho no merecen nada.

26 de junio de 2011

Era una vida de verdad, sin edulcorantes y sin disfraces, sin engaños.
Quizás es por eso por lo que acabó tan rápido como empezó.

O tal vez fueron los pequeños engaños tejidos a su alrededor, mentiras que no importan nada, muchas nadas que forman un todo. Y el columpio de ignorancia se derrumbó, la realidad aplastó su confianza y su conciencia huyó de nuevo.

A parajes remotos, sin miedo, donde es todo mucho más fácil.

Pero el paso del tiempo y la incapacidad de olvidar pesan demasiado como para dejarlo todo atrás. Arrastrar los recuerdos mientras deambulas de un lado a otro tratando de no dejar huella y que no te dejen cicatriz.
Imposibles.
Sueños.

17 de enero de 2011

Ojos de cristal que no ven y tan sólo pretenden reflejar lo que ya existe en el mundo. Capas de hielo, corazas de frío, horror en la retina, aleteos silenciosos y un quejido ruinoso al rasgar la superficie de tu inerte e inanimada vida.

Día 16: Estás totalmente muerta para mí.

(y ni siquiera me importa)

3 de enero de 2011

"Año nuevo, vida nueva" dicen algunos, como si en una madrugada de borrachera o de buen descanso fuese a cambiar su vida, su forma de pensar o el mundo y la sociedad que lo habita. Difícil lo veo, imposible no hay nada, y quizás existan quienes sean capaces de moldearse en milésimas de segundo. Yo no. Por eso yo voy a seguir siendo como soy, haciendo las cosas que me gustan, queriendo a quienes quiero (en todos los posibles sentidos de la conjugación verbal), porque así soy yo y, a quien no le guste, lo siento por él/ella. No pienso cambiar por nadie y, aquellos que me ven tan rara de un tiempo a esta parte quizás deban pensar que acaso no me vieron o quisieron ver.
Hasta siempre, yo no quiero ni pretendo mirar atrás. Ni tengo expectativas de que nadie lo haga, ni lo he pedido, así que el victimismo os lo guardáis en vuestro estómago, si luego lo queréis vomitar, hacedlo, pero que no salpique, gracias.

Día 15: Definitivamente me han decepcionado más que nadie. Quienes se creen los mejores. Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.

26 de diciembre de 2010

La mejor Navidad de mi vida, aunque me faltó mi hermana. Porque son mis amigas, las quiero y también las necesitaba en un día así, para compartir con los seres queridos.
Y el año que viene se presenta bonito, muy bonito.
Gracias

Día 14: Porque ser feliz es... no recriminarte nada.

10 de diciembre de 2010

Jugar con las cosas de mamá nunca era buena idea: siempre terminaba enfadada, con aquellas arrugas tan feas en su frente. Enfadar a mamá me ponía muy triste. Por eso, aquel día, después de embadurnarme con su pintalabios rojo -ése tan bonito que se ponía los domingos cuando paseaba con papá- me escondí asustada en mi habitación. El papel del baño no había borrado todo el carmín y el estropicio del lavabo era indescriptible. Comencé a llorar a gritos mientras me frotaba la cara para quitarme el colorado de las mejillas, pero cada vez que restregaba se hacía más grande la mancha, hasta acabar con toda la piel cubierta. Oí la puerta y me escondí con pánico dentro del armario. Seguí llorando, pero bajito, como si le llorase a las perchas. Mamá me llamaba, cada vez más preocupada, pero cuando entro al baño gritó. Entonces ya no me llamaba con angustia, si no con enfado en la voz.
Deseé desaparecer o hacerme invisible con todas mis fuerzas, cerré los ojos tan fuerte tan fuerte que veía galaxias en mis párpados. Pasó mucho tiempo, no recuerdo ni siquiera cuánto. Las piernas se me pusieron rígidas -mamá siempre decía que era porque estaban aburridas- y terminé por dormirme entre los vestidos.
Al despertar ya no sabía dónde estaba, no recordaba nada. Confusa, abrí la puerta del armario y la luz me cegó. A tientas salí de mi habitación y busqué a mamá. No estaba en el salón, ni en la cocina, ni en el despacho -y eso que se pasaba casi todas las tardes allí-. Subí a su habitación, pero tampoco estaba. Aunque la cama estaba deshecha, y ella también había manchado las sábanas con el rojo pigmento. Fui al baño, por si acaso estaba en la ducha y no me oía. Había muchísimo pintalabios por el suelo, aunque era más rojo que el de mamá. ¡Bien! Más colores que probar. ¡Ah, ahí estaba mamá! Lo sabía, dentro de la bañera no me habría oído. Pero no entendía por qué estaba todo el agua llena de carmín, estaba roja, rojísima. Y mamá se había dormido, y no se despertaba ni siquiera cuando la zarandeaba.



29 de noviembre de 2010

Cuando supe por primera vez que mi hermana se iba a Alaska pensé que sí, la echaría de menos, pero que sería soportable. Y una mierda. La echo tanto de menos que me duele cada vez que necesito hablar con ella y que me de un abrazo. Necesito los momentos de idiotez cuando bailábamos lady Gaga en su habitación. Ver películas con ella, hablar de todo. Que me pidiese huevos revueltos para cenar y que luego me hiciese chocolate caliente con nata montada. Echo de menos hacerle fotos, echo de menos incluso las discusiones y las peleas.

Hay veces que entro en su cuarto solo para pensar que sigue aquí. Al menos algo permanece. Supongo que por eso casi todos los días llevo algo suyo, un jersey, una bufanda, un anillo, lo que sea.

Un mes se me hizo demasiado corto. Sobre todo teniendo en cuenta que no sé cuándo podré volver a estar con ella.

17 de septiembre de 2010

Solo ha existido otra persona capaz de revolverme todas las neuronas. No me hizo ni caso, pero yo sigo pensando en él... y tu... te tengo y me da miedo acercarme más y estropearlo, no estar segura del todo y que vuelva a ser lo mismo, volver a hacerte daño, otra vez.
Prefiero tener la felicidad asegurada.


(y de él no sé nada, tampoco sabría cómo reaccionar si le viese, supongo que bajaría la mirada, como siempre)

3 de julio de 2010

Decálogos en papeles mojados.


Decálogo del estudiante:

1. Nunca copiar, solo consultar pequeñas dudas.
2. Abolir los libros de texto, restaurar el autodidactismo.
3. Aprender volando con Saramago, Galdós y Benedetti.
4. Apostar por el diálogo de besugos cuando nos quedemos sin posibilidad de argumentar.
5. Calificar a la persona por el seso y no por lo que esté impuesto en un simple papel.
6. Dejar libre albedrío para huir de la rutina y escapar del terror de la reclusión.
7. Restaurar todos los valores predeterminados y reinventar el código binario.
8. Número infinito: volver a leer.
9. Promover la desaparición del lenguaje y la instauración del sms como el propio de la R.A.E.
10. Considerar todo lo anterior las nuevas leyes de la anarquía, de la revolución cuadriculada, de la educación maleducada.

Amor de bicicletas.

Sentía mi corazón martilleando contra el pecho, taladrándome por dentro, pero ese dolor hacía que me sintiese real, que no flotase a mis ensoñaciones para escapar. Corría a través de las calles, tropecé mil veces, atropellé a decenas de personas y ni siquiera pedí perdón. Huía. Lo más surrealista es que era de ti. ¡De ti! De golpe toda la neblina que ocupaba mi cerebro se esfumó y los recuerdos de hacía media hora me atacaron, todos a la vez y sin compasión.

Salí pronto de clase esa tarde. Pensé en pasarme por tu casa sin avisar, para darte una sorpresa. Así que cogí la bicicleta y fuí por un atajo, ese por el que intentaste llevarme alguna vez pero que por miedo no solía usar. Poco espacio entre la pared y la caída de 5 metros. Así que armada de valor y con la bicicleta bien agarrada me encaminé a completarlo. Un resbalón, cayó una piedra, mi frente goteó... Por suerte recobré el equilibrio a tiempo, para asustarme aún más cuando oí revolverse los arbustos.
Taquicardias varias y sorpresa después, cuando ví aparecer tu cabecita alborotada llena de carmín y ramitas. Y detrás ella. Lo irónico fue la sorpresa y el dolor en tus ojos, cuando la del corazón en pedazos era yo.
Abandoné la bicicleta y salí corriendo mientras tu gritabas que esperase y mi nombre.
No podía ser, ¡no podía ser cierto! Demasiadas coincidencias y... ¡con ella!
Macabro plan del destino, a mi parecer.


Sentí una punzada en el pecho y me ví obligada a parar-a caer- contra el suelo. Me temblaban las piernas y me dolían las magulladuras que me había hecho a lo largo de mi carrera. Mi cuerpo me rechazaba. Como tú.
De repente me encontré perdida en esa calle sin nombre, con personas desconocidas que me miraban como si acabase de caer del cielo.
Dios, todo iba tan bien, todo era tan perfecto...

[3 días después]

- Lo siento, lo siento, lo siento... No sé cómo más quieres que te lo diga, de qué manera, sabes que te quiero, lo sabes...
Me escondí detrás de la puerta de la taquilla. Cerré los ojos e inspiré hondo, esperando a que mis rodillas dejasen de ser de mantequilla. Su voz sonaba... atormentada, es la palabra.
Respiré hondo un par de veces y me armé de hielo para mirarle.
Me encontré con sus ojos, verdes y tristes, suplicantes.
- No lo sé y tu tampoco lo sabes.
- Sí que lo sé, te quiero Nuria.
Podía ver las lágrimas brillando a través de sus pestañas espesas. Sentía deseos de quitárselas con las yemas de los dedos, besarle los ojos y decirle "tranquilo, todo va bien, te quiero". Pero reprimí mis intintos y la angustia, para decirle secamente su sentencia de muerte.
- ¿Por qué yo soy capaz de ver las cosas que tienes delante y tu no? Pablo, te acostaste con ella, ¡con ella! Y yo... yo te quiero, yo te quiero, pero no confío en ti. Ya no. Y si no nos queda confianza, ¿qué queda? Mi amor y tu lujuria. No quiero algo así.

Me di la vuelta y ahogando los sollozos le dije adiós.

Que tú/yo/adiós

Que dice que no quiere y que ya no tiene ganas. Que prefiere soledad a una vida entre rejas, que él te pide flores y tu le das ramas secas. Que le quitas, que le robas, ¡que le agotas! el tiempo, las ganas y el sentimiento, que mereciste el cielo y ahora mereces infierno. Que antes eras volcán ardiente y ahora frío témpano.
Que prefiere una botella a tocar tu cuerpo, porque al menos incluye el -ella y tu ansías que pase el tiempo. Que tu... ¡que tu la mataste! ¡La mataste! A la niña de sus ojos, su musa incesante, su bailarina de hielo. Que prefiere una vida aferrado a la silueta de su recuerdo que a tus caderas de olvido.
Que la quiere, ¡que te odia! Que se arrepiente de tus besos y sus actos. Que la revivas ¡por favor! Que si no, la muerte será un dulce descanso en sus brazos.

Sueños de princesas/muerte de sentimientos

Abro el portal y me encierro en el ascensor, en su frialdad metálica, en su falsa seguridad. Nunca me gustaron las palomitas de colores, ni el algodón de azúcar. Eran empalagosos, irreales. Otra cosa es que lo quisiera sentir fuera de mi paladar. Un amor dulce, con sabor a piruleta. Sin embargo, cuando se termina, te deja la boca seca, haciendo que maldigas el sabor a fresa azucarada. Me miro en el espejo de mi cápsula de acero. Las puertas se abren. Vuelven a encerrarme dentro.
Distante.
Ahí estaba yo, escondida del mundo, enterrada entre esqueletos de afecto y envoltorios de caramelos. Ya sabía que el amor era agridulce, pero el paso del tiempo y una muralla de sueños hicieron que en mi mente solo quedase un eco de la última parte.
Pero no.
Volvías a ser el palo de mi piruleta y yo la que odiaba la gravedad. Esa que hacía que cayese, una y otra vez. Quería gritarle "¡Déjame en paz! ¡Quédate haciendo caer manzanas y pasa de mí!". Pero no. La aceleración es para todo el mundo y debemos chocarnos, una y otra vez, contra el suelo.
Yo solo quería endulzar mi vida un poco y la tuya al tiempo, pero acabamos con sobrepeso y una venda en los ojos para no ver que se nos acababa el tiempo. Las manecillas del reloj se juntaron, tocaban las 12 y Cenicienta debía irse, pero el príncipe no encontrará el zapato. Esto es una discoteca abarrotada de gente y el charol acabará en objetos perdidos o, en el peor de los casos, en las manos de un borracho, drogado y sin amor.
En mi mundo los te quiero ya no existen en su significado pleno, ni los besos a mediodía por el simple hecho de querer mostrar un sentimiento. Por el simple hecho de ser feliz.
Sin embargo, la felicidad se escapó de mi vocabulario de puntillas para que no me diese cuenta. No tenía porqué, aunque hubiese gritado un desalmado "¡Me largo de tu vida por siempre jamás!" con portazo en mi corazón incluído no me hubiese enterado. Demasiado ocupada estaba escuchando la música en mis oídos y contándole al aire que mi mundo era perfecto. Ingenua.
Yo quería un cuento de hadas, pero mi versión incluía un príncipe enamoradizo, una reina prendada de este y una princesa despistada y confiada. Pero que no quiere dejar al príncipe a merced de sus reales brazos. Y ni siquiera una manzana llena de anfetaminas conseguirá que el príncipe vuelva. Igual ni siquiera es el príncipe adecuado, pero es su príncipe. Al menos, lo era.

Abro los ojos para comprobar que sigo en el ascensor. Alucinando en los mundos de Disney y derrumbada, ¿por qué el único cuento triste tenía que ser el mío? Me levanto a duras penas y salgo del ascensor. Saco las llaves, mano temblorosa y tintineo en la cerradura. Entro en casa y corro -vuelo- a mi cama.
La bella durmiente pudo dormir cien años, ¿por qué no yo?
El vértigo en sus ojos.
El vacío en su piel.

Señores, eso es el amor.
Coger ese avión y dejarlo todo,familia, amigos, trabajo, por la persona a la que quieres.
Amar sin límites y sin que te duela, porque el amor es lo que tiene de bonito vivir.
Ustedes, que no creen en el amor, ignorantes, no saben lo que pierden.
Se ven poseedores de todo y en realidad poseen nada.
Porque nada es perenne.
Porque salvo el amor, todo se arruina, todo se pudre.
¿El odio? El odio ya está podrido de por sí.

El amor son mariquitas subiendo por tu espalda para llegar a un punto más alto desde el que volar, son las pompas de jabón que no estallan en gotitas, son los libros que huelen a viejo y que tienen finales felices y creíbles.

Porque no solo existe el dolor.
Porque aunque el amor conlleve un poco, ¿no es un precio digno de pagar?
El cuaderno rojo... donde no siempre la vida es fácil.

La carne golpeó con fuerza en la pared. Sintió cómo la sangre se agolpaba dolorosamente en el hombro. Semi-inconsciente, entendió las últimas palabras "...joder! ¡Eres una jodida puta! ¡Tu vida es mía, no eres nadie! Así que portate bien, no quiero matarte."

-pum-

A solas en la habitación y dolorida se arrastró hacia la oscura cama. Sentía latir todo su ser. Los accesos de náusea hacían que su cuerpo se estremeciese con violencia. Le ardían las entrañas y, sin embargo, sus ojos, aunque febriles, se hallaban secos. Había aprendido que las lágrimas no servían de nada, solo un dolor de cabeza que lo empeoraba todo. "Cálmate, cálmate, cálmate..." Incluso ese tantra que se repetía a todas horas le hacía daño. Trató de respirar hondo, intentando no sufrir en el proceso. Fue en vano.
Se dijo que esto era solo una -cruel- prueba, que debía superar con la cabeza alta. Al fin, lágrimas saladas acudieron a sus ojos y, exhausta, cayó desmayada.

¡Qué animal eres!

Solo somos humanos, pedazos de carne, hueso y sangre que pululan por el mundo, cambiándolo todo, creyéndose dioses, cuando la realidad es que somos desechos, al apagarse nuestro último latido. Al fin y al cabo, descendemos de animales, lo llevamos dentro. Siempre hay alguien que grita: "¡Qué animal eres!", "pero ¿qué haces, animal?", "¡serás burro!" y los graciosos "que mono". Sí, mírame, soy un primate dedicado de forma exclusiva a la recolección de piojos y pulgas, ¿quieres amor?
Qué irónico. Te digo esto riéndome y me miras con cara de abubilla. ¿Qué, te molestan tus orígenes? Ah, no, preferías seguir pensando que provienes de la costilla de Adán. Anda que, ya te vale, mira que arrancarle una costilla al pobre hombre... Que no, señores, lo religioso aquí solo puede ser tomado de una forma: a broma. ¿Tengo que creer que un ente todopoderoso lo ha creado todo en siete días? Más aún, el domingo descansó. Merecido se lo tenía, vaya ganas de hacerlo todo deprisa. Así van las cosas, que el mundo le salió defectuoso -terremotos, volcanes, huracanes- y los hombres rebeldes y bobos. Se basan en historias inverosímiles, como, por ejemplo, la torre de Babel.

- ¡Eh! ¿Te apetece construir una torre? Va a ser bastante alta, es para ir a ver al tío que está hablando todo el día y no nos deja dormir, para darle un susto, ya sabes.
- ¡Me apunto! Si eso llamo a más gente, parece que la vamos a necesitar.


¡Y hale! Todos a construir la dichosa torre, sin grúas ni nada, a pulso, olé sus santos huevos. El caso es que iban ya por la exosfera cuando Dios se percató de una cosa recta que subía -no sean malpensados-, pensó que le iban a descubrir, se cabreó y derrumbó la torre que tanto esfuerzo, sudor, lágrimas, sangre y muertes les había costado y, para más inri, les cambió el idioma

. . .


Si es que suena a cachondeo, un monólogo de Luis Piedrahita solo que con cosas grandes. Él concluiría con uno de sus típicos finales, gracioso pero a la vez tierno. Pues bien, ya que empecé hablando de animales, terminaré con ellos.
Si yo fuese un animal sería un gato, mimoso y caprichoso; si Dios fuese un animal sería un ornitorrinco, todos hemos oído hablar de él pero nadie sabe cómo es; si Zapatero fuese un animal sería un avestruz, la cabeza bajo tierra en cuanto hay problemas, y si Luis Piedrahita fuese un animal... no sé cuál sería, pero uno realmente achuchable y, eso sí, con flequillo.

Admitámoslo

Hay quienes se las dan de duros por el hecho de tener una coraza de hipocresía, yo admito que soy vulnerable y es esa misma falta de defensas la que me previene de todos los ataques, evitando que me afecten.Mientras que a los demás se les rompen en cachitos sus corazas de cristal, teniendo que recomponerlas una y otra vez con el gran dolor de sus corazones, yo dejo que entren y salgan las emociones, que me duelen muchas veces, pero... ¡ay! ¿qué otra cosa le vas a pedir a la vida?Nunca he tenido un camino de rosas y reconozco que hace un año era de esas personas con coraza que intentan evitar todo con lanza, escudo y unos cuantos ataques verbales, pero, tras el paso del tiempo y la desaparición de personas en mi vida, he aprendido que así nada se consigue, que lo que tenga que venir -malo o bueno- va a venir lo quiera o no, por mucho que lo intente evitar.

Entes cavernarios.

¡Es increíble!
Cómo somos los humanos, qué volubles y cambiantes, facilmente dirigibles hacia un fin u otro.
Zoon politikon, nos describió Aristóteles en su momento, y nada puede ser más cierto. La necesidad de sociabilización es poderosa y ningún humano se puede resistir a esos instintos primarios, mantenerse en unidad para permanecer seguros.
No es necesario una carrera en Antropología para darse cuenta, sobretodo cuando ciertos seres poco evolucionados todavía siguen pendientes de esa sociedad de grupo -manadas de cabestros, uuh- y siguen entonando los himnos propios de su cueva, constituídos principalmente por ruidos guturales, con alguna que otra palabra aprendida por el contacto con personas civilizadas.
El problema es que estos seres cavernarios no se encuentran precisamente en la Edad de Hierro, sino que campan a sus anchas por el s.XXI como si de seres racionales se trataran, cuando en realidad son reductos de un tiempo pasado, desfases históricos.