26 de junio de 2011

Era una vida de verdad, sin edulcorantes y sin disfraces, sin engaños.
Quizás es por eso por lo que acabó tan rápido como empezó.

O tal vez fueron los pequeños engaños tejidos a su alrededor, mentiras que no importan nada, muchas nadas que forman un todo. Y el columpio de ignorancia se derrumbó, la realidad aplastó su confianza y su conciencia huyó de nuevo.

A parajes remotos, sin miedo, donde es todo mucho más fácil.

Pero el paso del tiempo y la incapacidad de olvidar pesan demasiado como para dejarlo todo atrás. Arrastrar los recuerdos mientras deambulas de un lado a otro tratando de no dejar huella y que no te dejen cicatriz.
Imposibles.
Sueños.

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