29 de noviembre de 2010

Cuando supe por primera vez que mi hermana se iba a Alaska pensé que sí, la echaría de menos, pero que sería soportable. Y una mierda. La echo tanto de menos que me duele cada vez que necesito hablar con ella y que me de un abrazo. Necesito los momentos de idiotez cuando bailábamos lady Gaga en su habitación. Ver películas con ella, hablar de todo. Que me pidiese huevos revueltos para cenar y que luego me hiciese chocolate caliente con nata montada. Echo de menos hacerle fotos, echo de menos incluso las discusiones y las peleas.

Hay veces que entro en su cuarto solo para pensar que sigue aquí. Al menos algo permanece. Supongo que por eso casi todos los días llevo algo suyo, un jersey, una bufanda, un anillo, lo que sea.

Un mes se me hizo demasiado corto. Sobre todo teniendo en cuenta que no sé cuándo podré volver a estar con ella.

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