Miro alrededor y veo el desastre acumulándose en cada centímetro cuadrado de mi habitación. Me miro al espejo y lo veo reflejado en mi aspecto, en mi piel. Las ojeras bajo mis ojos más marcadas que nunca y una mirada febril pero, de una forma u otra, feliz. Las arrugas de las sábanas como metáfora del tiempo que me falta por dormir en ellas, sonreír levemente y pensar "todavía no, aún no hay que descansar".
Pero sí organizar. Ordenar los ficheros mentales y dejar que fluya la corriente de forma regular, hacia el exterior, impregnar mi vida de estabilidad.
Día 6: Abrir las ventanas y dejar colarse la nieve, expulsar la presión.
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