30 de noviembre de 2010

La vida al borde del filo sin pensar que en un salto al vacío también flotas antes de perder la conciencia. Así me hallo, flotando, inerte, sin pensamientos, ni sentimientos. Sin culpa ni pena. Siempre tuve miedo a no sentir y lo cierto es que no recuerdo un período tan largo sin sentirme como una puta mierda, algo peor que el cieno y las bacterias que lo pululan. Por mucho que me pese, no quiero que se vaya.

Día 7: Ingravidez emocional o cómo permanecer impasible en un huracán.

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