se desperezaba igual que una flor abre sus pétalos. estiraba cada una de sus extremidades notando los músculos en tensión contra la piel, disfrutando de esa sensación efímera. sabía que era el momento de bajar a desayunar, pero antes despertaría a la chica que dormía en su misma cama. con besitos tiernos y caricias, hasta que la chica, sonriendo, se estiró y la abrazó. feliz, se dispuso a bajar las escaleras. notaba el suelo frío de las escaleras, por lo que las bajó rápida, hasta llegar a la cocina. la chica llegó segundos después y la miró con cariño, con esos ojos brillantes y soñadores. ella suspiró y recordó como, en la noche, había despertado sobresaltada al escucharla gemir y llorar. para calmar su pesadilla, se había acercado para aliviarla. había pegado su pequeño cuerpo contra ella, la había acariciado para que se marchase el dolor. finalmente, tras media hora de mimos dulces, la chica volvió a recuperar aquel sueño plácido del que siempre disfrutaba.recordaba esto y se entristecía al pensar que dentro de poco habría de alejarse para siempre de ella. sabía que la chica superaría su pérdida, pero aun así no podía evitar sentir un agujero en aquel viejo corazón cada vez que recordaba el poco tiempo que le restaba de vida.
al menos estaba ella, esa joven locuela que llenaba la casa de alegría. volvió a mirar a la chica con cariño y ésta acarició su cara sonriendo.
Coti, ¿desayunamos? Voy a hacer huevos revueltos con bacon, ¿te apetece?
como respuesta ella ronroneó y se frotó contra las piernas de la chica, como un gesto de despedida.
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