19 de octubre de 2014

Lo cierto es que hacía mucho tiempo que había perdido la esperanza. Esperanza en poder querer a alguien, en que alguien me quisiera, en ser capaz de confiar, en poder hablar sin tapujos, poder entenderme con alguien.
También había perdido la esperanza contigo.
Y de repente el mundo cambia, al menos mi percepción de él. Por una persona. Y todo lo que pensaba que había perdido o no era capaz de tener está al alcance de mi mano. Tengo ganas de vivir, de hacer cosas, tengo ilusión. Hacía mucho que pensar en el futuro lo único que me provocaba era desánimo, agobio, porque básicamente no veía un futuro. Y ahora no sólo pienso en cómo será sino que me emociono al hacerlo.
Tal vez no te des cuenta de lo que haces por mí con el mero hecho de estar conmigo. Me daría miedo llegar a establecer una dependencia, pero no la hay. Y no es necesario que la haya.
He querido a otras personas, y va a sonar a tópico, pero esta vez es distinto. Cuando pienso en ti, en lo que tenemos, no me invade el nerviosismo típico, sino una tranquilidad absoluta, porque, te lo he dicho muchas veces pero nunca está de más, me calmas.

Me muero de ganas de poder estar tranquila todos los días.

Día 3: Echar de menos se me da mal y los domingos peor.

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