20 de septiembre de 2014

He cambiado tantas veces de piel que ya no sé cuál es la mía. Unas veces demasiado pequeña, otras demasiado rígida, otras demasiado dura o demasiado grande y yo demasiado poco para llevarla. Y con el eterno miedo al cambio y a lo que supone dejar ver lo que hay debajo. Si no estás cómoda en tu propia piel dónde vas a estarlo.
Tal vez ha llegado el momento de cambiar definitivamente, de arrancar a tiras esta piel que no es la mía y dejar al descubierto la carne viva, para que cicatrice y se forme, de una vez por todas, una piel ajustada a las formas y cicatrices de este cuerpo que es el mío, aceptando todo como es. Tanto lo feo como lo bonito y aprender a quererlo de igual forma.
Y si termino siendo un monstruo informe de carne putrefacta y piel demasiado frágil, demasiado translúcida... supongo que habrá quien acepte lo que ve y quien lo odie. Pero no tú. Son tus formas y es tu vida, eres tú quien debe cambiarla para adecuarla a ti, no a los demás.
Por una vez.

Día 2: Mudas de piel en los rincones. 
(has mirado en mi interior y sigues aquí. no sé si me asusta o simplemente me asusta que me haga feliz)(pero no te vayas)

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