Un corazón completo, dibujado sobre una espalda llena de cicatrices. Un surco, un leve arañazo visible sobre todas aquellas huellas de dolor. Restos de personas y de sentimientos, de conversaciones sin final y de discusiones terminadas a base de portazos.
Una leve sonrisa asomó a la comisura de sus labios, sintiéndose culpable al instante, pero recordando el dulzor que había dejado con su paso, y siguió su camino.
Metió la mano en el bolsillo y sacó una palomita de papel. Pensativa y mirándola fijamente, hizo que batiese las alas. Arriba. Abajo. Arriba. Abajo. Cada vez más rápido, más rápido, más rápido. Una fuerte corriente de aire le hizo estremecerse y levantó la vista, para no reconocer nada de lo que veía. Ni siquiera parecía posible encontrarse en la Tierra. Ya ni siquiera andaba.
Sentada sobre una paloma de papel gigante atravesaba el firmamento, sin necesidad de respirar, fascinada ante todo lo que veía, porque por primera vez veía.
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