3 de julio de 2010

El cuaderno rojo
en el que vivimos vidas paralelas...

Éramos de nuevo Fausto y Mefistófeles, quienes, danzando su macabro baile, empujan a los humanos a la desesperación. Una orgía de cuerpos a nuestro alrededor, el hedor del sudor y la sangre, la suciedad pululando... todo nuestra amada obra: putrefacta y destructiva. Al fin y al cabo, ellos también se amaban.Tú, mi Fausto ansioso de una nueva vida, yo, un diablo que te condenaba a la eternidad. Sumidos en nuestro vals maldito, ávidos el uno del otro, sedientos.

Una mano sucia alcanza mi tobillo, entorpece nuestra danza. La magia se acaba, tu ya no eres Fausto ni yo el Anticristo. Mi maldad sigue incrustada, adiós a la vida del que paró esta farsa, adiós a la mía propia. Ojos en mi cuerpo, fijos. ¿Por qué? Solo hago lo que quiero, no hay amenaza en ello.
¿Qué esperaban? Adoran a un ente maldito y oscuro, deseaban su propia destrucción. Desesperados, sacaban de su cuerpo la tristeza y, en su trance devoto, me entregaban su ser. Pero lo que fue ya no es, todas esas vidas que cobré no fueron y sigo siendo la misma patética humana de siempre, como todos los demás.

¿Qué esperaba? ¿Qué esperaba?

Ansiaba una respuesta a mi propia existencia.¿Acaso tengo que conformarme con la idea de un dios? Demasiado fácil, una droga para masas.

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