16 de mayo de 2013

No dar nada y no recibir nada. Así es sencillo. Así cuando desapareces o desaparecen no te llevas nada, no echas de menos nada y ellos tampoco.
He hecho muchas cosas mal. He dado demasiado y he dejado que me den.
Ya he comprobado que las personas no se me dan bien. Estoy mejor sola. Así que voy a dejar de intentarlo de forma definitiva. Cuanto más intento relacionarme de forma sana, más me fuerzo y más me cuesta volver a salir. Hasta de mi propia habitación.
Si la solución es no dar nada de nuevo, pues ese es el camino que voy a tomar. No dar nada. Porque últimamente (ja) he dado mucho y no he recibido nada a cambio. Se supone que la amistad es eso: dar y recibir de forma abierta. Pero la verdad es que ya no creo demasiado en ese concepto. Y he creído en la amistad tanto, o he querido creer, que me he dormido muchas veces llorando, pensando en qué coño debo tener mal en la cabeza para que conmigo no funcione. Simplemente no funciona.
Es un alivio ser capaz de ver eso, aceptarlo y estar tranquila. Estar de acuerdo.
No es que vaya a suponer un cambio en mi actitud, pues va a ser lo mismo de siempre: colegueo puro y duro. Las pocas veces que he creído tener amistades me las han metido dobladas. Y yo también lo he hecho, supongo. No soy una santa y muchas veces no tengo en cuenta lo que puedan sentir las personas que me rodean porque simplemente no me doy cuenta de cómo funcionan y qué sentimientos tienen.
Lo correcto sería esforzarme. Pero ya no más.
Esto es más sencillo, más "liberador". Y me siento mejor conmigo misma no teniendo que depender de nadie y sin tener a nadie dependiente de mí.
Sé que en algún momento me echaré a llorar pensando que lo echo de menos, que me siento sola, que ojalá tuviese a alguien de confianza para contarle la mierda que llevo dentro. Pero en realidad jamás he tenido algo así. No he sido eso para nadie.
Mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario