Estoy en modo moñas salvaje y he puesto Circa y no sé qué puede salir de aquí.
Esta va a ser una entrada fotologuera a más no poder. Echo de menos esa época, la verdad. Así que hablaré como si hubiese gente que me leyera pero sabiendo que no la hay.
Espero.
Porque eso supondría que han leído todo lo demás y todo lo demás no es exactamente material de lectura pública, sino un medio para entenderme. Una especie de espejo en el que reflejo todos mis pensamientos y de ahí escojo las cosas que me parecen más sanas o adecuadas. Para no envenenarme la mente, principalmente.
Aunque a veces echo de menos estar tan jodida. De la mierda que había en mi vida salían cosas bonitas y en comparación eran lo más precioso que podía existir.
Y tan falso.
Alguna vez entenderé cómo se pueden escribir cosas tan bonitas sin sentirlas de verdad. La lírica, supongo. Mentiras que ayudan a que la realidad sea más llevadera.
En realidad no soportas a esa amiga a quien matas a corazones.
En realidad no os soportáis ni os soportábais y eso me hace pensar que sois iguales con todo el mundo. Y me siento igual. Tan falsa que me da asco. Y el problema es que tampoco lo soy.
Siempre vuelvo al mismo tema pero es que no consigo entender las relaciones de amistad ni las sentimentales de ningún tipo. ¿Dónde está el límite? ¿Cómo se consigue la confianza? ¿Cómo saber si mis sentimientos hacia una persona son correspondidos de igual manera, ya sea en mayor o menor medida?
Y cuestionarme todo esto me hace sentir horriblemente calculadora y tampoco quiero serlo.
Tal vez ni siquiera sé cómo soy, a mis 20 años.
Esto hace que me de cuenta de que mis inseguridades siguen ahí. Como si tuviese un caparazón blando, aún no formado del todo. Y en cualquier momento puede aparecer un depredador, que destroce mis defensas con un simple roce.
Vosotros sois los depredadores.
No tenéis ni puta idea de lo indefensa que me hace sentir vuestra presencia. Y esas relaciones falsas. Porque mucho te quiero, pero sé (y sabéis) que no es así.
O igual todo esto me lo imagino. Yo qué sé.
Debería dejar de pensar en todo. De imaginar posibles situaciones. Y mierda. Y lo que pueden pensar o sentir los demás, pues son libres de pensar y sentir lo que quieran. Pero yo también debería serlo.
La verdad es que estoy enfadada. Tan enfadada que no os lo podríais imaginar. Supongo que a primera vista no se nota. Tal vez es que ni siquiera me veis. O me consideráis tan poca cosa que no vale la pena pararse a pensar que yo también lo hago. No dejo de sentirme un acople. No conozco a nadie. Y tampoco me conocéis a mí. O creéis que sí, lo que es peor.
Y envidio que sepáis hacer eso. Tener amistades así. Y sentiros bien con vosotros mismos.
Y dentro del círculo hay círculos más pequeños y de ahí se dividen en personas favoritas. Y ojalá tuviese yo alguien en el que poder confiar tanto. Que sepa lo que pienso con una mirada o un gesto.
Pero pensando como pienso y calculando de esta manera lo único que consigo es desconfiar de todas y cada una de las personas que me rodean. Y en los momentos de apertura me siento tan violenta... y tan estafada.
A nadie le importa. Y es normal.
En realidad no.
Se supone que tengo amigos. Pero si no quieren conocerme, ¿en qué los convierte? En conocidos con los que salgo. ¿Me merece la pena este desgaste psicológico y económico?
Pues no lo sé.
Y me gusta estar con vosotros. Pero no es igual con cada uno. Sois un todo y no se puede entrar.
Imaginaciones mías.
Lo mejor sería que dejase de pensar. Como seguramente muchos creen. Pero no soy estúpida por mucho que actúe como tal. Pero no dejo de hacerlo, porque abrirme es peligroso. Y el círculo no se abre nunca. No termina esta porquería de inseguridad social. Por llamarlo de alguna forma.
Ojalá tuviese todas las respuestas.
Ojalá supiese todo.
Me siento tan inútil. Tan tonta.
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