1 de marzo de 2012

Me corromperá hasta que sólo quede odio.
Siempre es el día, pero nunca lo es. Nunca llega la hora en que mi vida llegue por fin, y la mediocridad me abruma, me consume, me hastía y derrota; sumida en la oscuridad del no saber, del sentir que por más fuerzas que aúne jamás serán suficientes para barrer las tinieblas, llegar a la superficie y tomar las riendas de una vida que se me escapa y que va demasiado deprisa para mis lentos movimientos.
Todo es caos, borrones de colores, formas difusas, la gente que me rodea ya no tiene rasgos, ya no les reconozco, y van tan deprisa... me dejan cada segundo más atrás y el monstruo del tiempo devora mi rastro, seguirá mis huellas hasta que, por un tropiezo o mi lentitud, me alcance y la oscuridad sea total al fin y el silencio sea de verdad silencio.
Agazapada en una esquina de mi propia mente marchita y estancada en una hora eterna esperaré lo que jamás llegará.
Mi vida. Libertad. Amor.
Felicidad.

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