6 de febrero de 2011

But who's gonna save you, little girl?

Las relaciones son heridas en la piel. Hay quienes tratan de cicatrizarlas lo antes posible, para así evitar el dolor. Hay otros que la dejan al aire, sin tirita y sin betadine de por medio, para que siga el curso natural, permitiendo que los glóbulos blancos creen una fuerte costra y dejando que el tiempo deshaga todo, con una pequeña cicatriz apenas visible, de las que cuando rozas tan sólo produce cosquilleo, como muestra de su anterior existencia. Y, hay otros, que cada vez que ven un pequeño raspón, un pellejo fuera de lugar, tiran de la piel y rascan en la herida para sentir. Para que dure, penetrando en su ser hasta ser capaces de desangrarse. Por un simple roce. Las heridas son tan profundas que ni sanan, tanto que no cicatrizan en su totalidad, dejando una cicatriz informe y larga, que escuece y duele cada vez que la tocas, que te recuerda todo el proceso hasta llegar a ese punto, que te hace lamentarte de haberlo hecho, ya que te ha dejado marcada de por vida.

Por eso me da miedo. Cada vez que me ilusiono y arranco mi propia piel por una causa vacía.
Pero... es que, si no, ¿de qué sirve? Si no te dejas la piel, ¿para qué? Porque ya he tenido una herida de las que cierras a la fuerza. Y no me gusta. No me gusta porque duele aún más que cuando fuerzas a que esté.

¿Y los demás? ¿Y tú?

Creo que desvarío.
And maybe this is worthless. Because I'm nothing to you. And stupid, by the way.
Perhaps it's me the worthless one.

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