No te hablo de amor, al menos no de quererte ahora, no tanto como antes. Te hablo del recuerdo, de cómo anidaste y ya no puedes salir, no hay forma de quitarte. He sido capaz de mantenerte a raya, de que no sobrepasaras el límite impuesto por mi razón, pero has escapado y has vagabundeado por cada recodo de mi memoria, despertando sensaciones que creía marchitas.
Hablar contigo y sentirme nerviosa, no saber qué decir o hacer, mirar por la ventana.
Quizás deba colocar diques más fuertes, algo que retenga mis emociones, mis recuerdos, que me permita vivir en paz con el pasado y conmigo, para no sentir que eras lo único que merecía la pena de mí y por eso te fuerzo a quedarte.
Sé de lo que hablas, porque yo también lo he experimentado y a veces sigo teniendo recaídas. Sólo te digo que no es sano y que espero tengas la lucidez y la audacia de pasar página antes de que eso te autodestruya.
ResponderEliminar