8 de enero de 2011

¿Crees que queda alguna posibilidad? ¿Alguna semilla viva, algún brote sin quemar? ¿Algún superviviente del incendio que nos arrasó? Nació de mis entrañas y te apresó con mi abrazo, ¿he de disculparme? ¿Acaso he de culparme e incluso odiarme por reducir nuestro bosque a cenizas? Te quise demasiado. Tanto que las quemaduras me duran, siguen sin cicatrizar porque todavía me dueles, porque aún estás enredado en mis costillas y yo no quiero que te vayas. Estás tan dentro de mí que al irte me arrancarías los huesos, me desgarrarías la carne, me dolerías más aún.
No te hablo de amor, al menos no de quererte ahora, no tanto como antes. Te hablo del recuerdo, de cómo anidaste y ya no puedes salir, no hay forma de quitarte. He sido capaz de mantenerte a raya, de que no sobrepasaras el límite impuesto por mi razón, pero has escapado y has vagabundeado por cada recodo de mi memoria, despertando sensaciones que creía marchitas.
Hablar contigo y sentirme nerviosa, no saber qué decir o hacer, mirar por la ventana.

Quizás deba colocar diques más fuertes, algo que retenga mis emociones, mis recuerdos, que me permita vivir en paz con el pasado y conmigo, para no sentir que eras lo único que merecía la pena de mí y por eso te fuerzo a quedarte.

1 comentario:

  1. Sé de lo que hablas, porque yo también lo he experimentado y a veces sigo teniendo recaídas. Sólo te digo que no es sano y que espero tengas la lucidez y la audacia de pasar página antes de que eso te autodestruya.

    ResponderEliminar