Y aunque se me clave en las entrañas el adiós, no puedo llevarte conmigo. Quedarme con el recuerdo de tus facciones, grabadas en mi retina por siempre jamás, y las historias que me recitaste en susurros durante noches, para mirarme después a los ojos dejando el final en mi imaginación.
He de marcharme y ni siquiera puedo decirte el por qué. Confío en que mi corazón en tu almohada sea suficiente.
Mi imaginación jamás sería capaz de formular nuestra despedida.

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