Sin embargo, esa presión en el pecho, la imposibilidad de respirar... cerró los ojos y las alas, dejándose caer, para llegar al lugar al que siempre había pertenecido y odiado. Su hogar. Su hogar.
1 de septiembre de 2010
elementos de ficción:
morgen,
pensamientos,
sentimientos,
textos
Rompió la pared acartonada de su habitación y extendió sus alas más allá de su jaula, tomando impulso para lanzarse al terrorífico, y aun así emocionante, mundo exterior. Inhaló el oxígeno de la libertad y subió, notando los músculos estirándose y aplastándose entre la piel y los huesos. Le gustaba esa sensación, sabiéndose forzada, ya que jamás había flotado en las corrientes de aire antes, pero allí estaba, atravesando aterida esas nubes grises. Cerraba los ojos y se dejaba llevar, notaba el viento mesando sus cabellos, en todas direcciones. De repente abrió los ojos y miró hacia abajo. Aquellos diminutos humanos, aquellas minúsculas luces moviéndose con esas insignificantes personas dentro, aquellos gigantes de hierro, cristal y hormigón, esas eternas montañas y esos océanos, mares, lagos, ríos, que seguirían por siempre un mismo curso. ¿Qué importaba ella entre esa fauna de carne y cemento? Era solo una más, sólo una más.
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